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Ecoembes, la organización medioambiental que promueve la economía circular a través del reciclaje de envases, presentó recientemente en el marco de la XXIV edición del Salón Internacional de la Moda Flamenca (SIMOF), el primer traje de flamenca elaborado con tejidos fabricados a partir de materiales reciclados, que ha sido confeccionado por las diseñadoras Lourdes Montes y Rocío Terry.


Esta iniciativa pretende mostrar de forma tangible y estética cómo el reciclaje puede servir de base para la realización y elección de nuevos tejidos para la confección de prendas de vestir. `Reflejos by Ecoembes´ es el nombre del vestido que ha sido elaborado con tela fabricada a partir de materiales reciclados, principalmente botellas de plástico (PET). Se trata de una propuesta que aúna la tradición de los trajes de flamenca de líneas más puras con la innovación que hay detrás de estos nuevos materiales, demostrando, así, que moda y reciclaje pueden ir de la mano.

Un diseño inspirado en Sorolla

`Reflejos by Ecoembes´ es un diseño blanco enterizo con cuatro volantes que terminan con una tira bordada en color blanco y manga larga hasta la muñeca con acabado también en volantes. Un traje carente de artificios que recuerda a los diseños de la década de los 70.

Para su elaboración, Lourdes Montes y Rocío Terry se han inspirado en el cuadro `Reflejos de una fuente´, de Joaquín Sorolla, una pintura en la que, sobre las aguas tranquilas de un estanque del Alcázar de Sevilla, se refleja la arquitectura del monumento. La luz, el viento, el movimiento de los tejidos y la naturalidad que el pintor recrea en su obra le han servido a las diseñadoras para ponerse al frente de un gran reto creativo e impregnar de tendencia y actualidad el diseño. Como homenaje, el vestido se ha incluido en el cuadro flamenco con el que las diseñadoras sevillanas han presentado su Colección Sorolla dentro de la firma MiAbril, que se basa en la obra del artista como hilo conductor.

Los tejidos reciclados suponen una excelente oportunidad para seguir diseñando desde la responsabilidad y la sostenibilidad. Son telas muy versátiles que funcionan muy bien para confeccionar trajes de flamenca: son muy transpirables y tienen mucho movimiento, algo fundamental a la hora de bailar.

En la presentación del vestido también participó el artista Chema Rodríguez que, además de conducir el acto, fue el encargado de elaborar la pieza que sirvió como eje central del cuadro flamenco, un biombo compuesto por materiales reciclados.

La economía circular propone algo simple y complejo a la vez: consumir menos, reciclar más y aproximarse, poco a poco, a la desaparición del concepto de basura que manejamos en la actualidad. Esta nueva forma de pensar abre un camino para conservar la salud del planeta, promoviendo la desaparición de la cultura del usar-tirar, un modelo insostenible que arrasa tierra, flora y fauna.


Se trata de un cambio del que nadie duda de su importancia y al que ya se han sumado gobiernos, ciudades y empresas de todo el mundo, hasta el punto de que Bruselas, con su último paquete de medidas, ya ha puesto fecha a la transición, con objetivos concretos para el año 2020.

Paralelamente a la economía circular que se debate en programas, cumbres y conferencias internacionales, este nuevo concepto también debe desarrollarse desde los propios hogares y, para ello, basta con revisar algunos hábitos y cambiar algunas cosas para adaptarlas a esa nueva filosofía de vida. En este decálogo se recogen unos cuantos consejos al respecto.

Rechazar lo que no se necesite. Dentro de lo que no se necesita se incluyen artículos desechables, propaganda, muestras de productos, botes de gel de los hoteles, tarjetas de establecimientos, etc. Todas esas cosas casi siempre van a acabar en la basura por lo que, si de verdad no se necesitan, mejor es no cogerlas.

Aprender a deshacerse de lo que no se usa. Casi todas las personas almacenan cosas que hace años dejaron de usar pero que no quieren desprenderse de ellas. En muchos casos son objetos que siguen teniendo valor y pueden tener fácil salida en mercados de segunda mano. Más aún con las aplicaciones y servicios de intercambio que hoy todo el mundo utiliza.

Reparar antes que tirar. Vivimos en una sociedad tecnológica en la que los productos comprados se consideran antiguos y pasados de moda con tan solo un año y medio de uso. Por ello, reparar y no tirar, dentro de lo posible, es más importante que nunca, así como ejercer el derecho legal a la garantía de dos años. En este sentido, si se quiere arreglar algo y no se sabe dónde acudir, se pueden consultar directorios como Alargascencia, una iniciativa que ya cuenta con más de 2.000 establecimientos que ofrecen este servicio.

Elegir lo duradero antes que lo desechable. Muchos de los útiles cotidianos de una casa son de usar y tirar, aunque es fácil cambiar estos productos por artículos duraderos. Desde servilletas de tela en lugar de papel, pañuelos en vez de toallitas o cajas y bolsas de tela en lugar de las bolsas de plástico de un solo uso que tienen los días contados.

Reducir la basura al mínimo. En este apartado los consejos van desde preparar comidas que generen la menor cantidad posible de desperdicios hasta elegir las facturas en formato digital, en lugar de que las envíen a casa en papel, pasando por negarse a recibir publicidad o cualquier otro comportamiento que reduzca la basura que se acumula diariamente en casa.

Hacer la lista de la compra. Racionalizar nuestro consumo puede pasar por adoptar unos pequeños trucos. El primero de ellos es planificar qué parte del salario se va a dedicar a compras y qué parte a ocio. Otro truco es llevar el dinero justo que necesitemos porque llevar la tarjeta de crédito es sinónimo, a veces, de llevar todo el dinero que tenemos encima, lo que invita a comprar más irreflexivamente. Y, por supuesto, hacer la lista de la compra antes de salir de casa evitará comprar más cosas de las necesarias.

Comprar de segunda mano. Adquirir cosas de segunda mano no solo es más barato, sino que se pueden encontrar cosas cuya calidad ya ha sido probada. El mercado de estos productos se ha ampliado en los últimos años hasta límites desconocidos con plataformas digitales de compra venta como eBay o Amazon, entre otras muchas.

Compostar en casa. La materia orgánica generada por peladuras, vegetales o fruta supone el 40% de lo que se tira diariamente al cubo de basura. Y todos esos residuos pueden transformarse en abono tras un proceso relativamente sencillo. Para ello tan solo se necesita una compostadora, que se puede comprar en superficies de jardinería o fabricarla por uno mismo. Con el compostaje de los restos orgánicos de comida se pueden abonar los jardines de las casas, evitando la erosión del suelo y enriqueciéndolo.

Ajustar el gasto energético. La economía circular también promueve el ahorro de recursos y entre ellos se encuentra la energía. En este sentido, se pueden hacer muchas cosas para reducir los consumos como cambiar las bombillas por unas de bajo consumo, llenar la lavadora y el lavaplatos en cada uso y, muy importante, saber utilizar el termostato de los electrodomésticos. Adquirir electrodomésticos de alta calificación energética, una caldera moderna y realizar un buen aislamiento de la vivienda son otras medidas adicionales de ahorro.

Reciclar. La economía circular propone que todos los desechos tengan una segunda vida útil como nuevas materias primas. Los envases plásticos, briks, latas, envases y vidrio tienen su sitio en los contenedores de colores. Pero también hay que ocuparse de pilas, aparatos electrónicos, químicos, textil, aceite, madera, etc.

Los recursos naturales no son infinitos pero su demanda no para de crecer. Este problema podría corregirse convirtiendo los residuos en recursos, algo que promueve la economía circular, un modelo que tiene como pilar la reutilización y el reciclaje de objetos que parecían condenados a la basura.


De este modo, el aprovechamiento de los recursos y el reciclaje de los residuos, bases de la economía circular, se convierten, no en una recomendación, sino en una obligación. En concreto, una imposición europea prevé en los objetivos Europa 2020 que los Estados miembros reciclen dentro de dos años, al menos, un 50% de sus residuos como transición hacia una economía circular.

El objetivo de la economía circular es que los recursos se conviertan en productos, los productos en residuos y los residuos en recursos. Además, la transición hacia este modelo mejoraría la competitividad de las empresas. Pero este círculo no pasa solo por reciclar sino por cambiar los conceptos y la forma en la que se realizan los procesos productivos. De este modo, se trata de perseguir la funcionalidad de los objetos, privilegiar el uso frente a la posesión, y la venta de un servicio frente a un bien.

Además, este modelo persigue fomentar las segundas oportunidades de los objetos de consumo y la reutilización, aunque sea utilizando algunas partes de los objetos que todavía pueden funcionar para la elaboración de nuevos productos, o la reparación.

El enfoque general es claro: salirse de la economía lineal, en la que se extraen los materiales de la tierra para fabricar los productos, usarlos y luego tirarlos. En la economía circular los productos intermedios o las materias primas ya utilizadas tienen una segunda vida.

El diseño es probablemente uno de los campos donde se puede ver de forma más clara cómo llevar a la práctica la economía circular. Un buen exponente de ello es Lucirmás, una empresa catalana que crea todo tipo de productos utilizando vidrio reciclado. Desde lámparas fabricadas con botellas, hasta percheros, que también toman como base botellas de vidrio, o joyería.

Este pequeño ejemplo sirve como base para ver cómo de un objeto desechado puede nacer otro nuevo, funcional y estético. Pero todo ello también se puede extrapolar a la economía de gran escala, la sostenibilidad de las empresas, el reciclaje de residuos, el aprovechamiento de recursos o la búsqueda de materias primas secundarias.

La economía circular, además de tener beneficios medioambientales, fomenta la creación de empleo y la disminución de la dependencia exterior al reducir la necesidad de comprar materias primas a otros países. Además, cumplir los objetivos de aprovechamiento de los recursos en 2030 podría aumentar un 1% el PIB y crear unos dos millones de empleos más. Y un mejor uso de los recursos podría significar un ahorro potencial de 630.000 millones de euros para la industria europea.

Ecoembes, la organización medioambiental sin ánimo de lucro que promueve la economía circular a través del reciclaje de envases, la firma de moda Ecoalf y EFTI, Centro Internacional de Fotografía y Cine, anunciaron recientemente los ganadores de la V edición del concurso de fotografía Upcycling: cerrando el círculo.


En la categoría “Fotografía”, el primer premio ha quedado desierto. El segundo y tercero han sido para las imágenes de Gisela Aguilar Benítez y Carlos García López de la Osa, respectivamente. Asimismo, Amaya Soler Ortuño ha sido la vencedora de la categoría “Fotografía Infantil” y el resto de premios han quedado desiertos.

Estos trabajos han destacado por ser imágenes que reflejan la reducción, reutilización, reparación y el reciclaje como pilares básicos sobre los que construir un desarrollo social, ambiental y económico, sostenible a largo plazo. En este sentido, la dotación económica y formativa de los premios que quedan desiertos se destinarán a futuras acciones que desarrollen las entidades organizadoras.

Por otro lado, en la categoría “Instagram” se podía presentar cualquier interesado en el certamen compartiendo sus fotografías en la red social con el hashtag #ConcursoUpcycling. Así, Ana F. Quirós (@aquiros_photo) ha sido seleccionada por el jurado como ganador de esta categoría, mientras que Irene Cruz (@irenecruzfoto) y Andrea CG (@andreagccc), han sido los autores más votados por los usuarios.

Estas fotografías, junto a una amplia selección de trabajos presentados al certamen, formarán parte de la quinta edición de la exposición fotográfica sobre economía circular y reciclaje “Upcycling”.

Los ganadores de esta edición, que giraba en torno a la economía circular, han sido seleccionados por un jurado experto en fotografía y miembros de las entidades organizadoras.

Manu Brabo, que cuenta con un premio Pulitzer, Pedro Armestre, fotógrafo social y medioambiental, Andoni Canela, fotógrafo especializado en naturaleza y medio ambiente, José Luis Amores, director de EFTI, Javier Goyeneche, presidente y fundador de ECOALF, y Nieves Rey, directora de Comunicación y Marketing de Ecoembes, fueron los encargados de elegir los trabajos más destacados.

Las imágenes han sido elegidas entre las 543 participantes a través de la página web y las enviadas mediante la red social Instagram. Los trabajos seleccionados evocan la economía circular, un modelo que trata de imitar a la naturaleza, en la que todo se aprovecha y se da un nuevo valor a aquello que parece inservible.

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